domingo, 27 de julio de 2014

Tolerancia inversa

Desde hace unos días, cambié de 5x a hoja sin fortalecer. La experiencia es igual de potente (utilizo 5 veces la cantidad que con extracto), pero tiene un punto a favor: durante casi una hora, mi cuerpo queda relajado, casi vibrando a la frecuencia de la bajada de Salvia.
Tengo la certeza de volver a ser quien yo era antes de virar al mundo objetivo, al plano de los demás. De las individualidades. He observado un mueble de mi habitación, y visto su conformación atómica mutar, o (de nuevo) los átomos moverse dentro de la estructura que le da la forma que conozco en mi percepción diurna. El mueble vuelto carne viva; una visión impresionante, desagradable. La voz que me pregunta si quiero hacer de esto una forma de vida, y mi respuesta afirmativa... Cada persona o cosa en que pienso está unida a mí en forma electrónica: todos parte del mismo organismo. Todos terminales del mismo sistema, unos más conscientes del hecho, unos menos. Y unas veces más conscientes que otras.
No cierro los ojos, y mi campo de visión girando en un remolino estático hacia la izquierda. Una lámina se cierra, esta realidad que vivo despierto; y veo que cada vez, paso de una dimensión a la otra. Y no retorno. Es lo natural, es eso lo que estuve esperando: ver lo que está a mi alrededor. Los árboles en mi ventana son árboles, la ventana es ventana. Porqué no podía entender esto? Porque antes, no era yo.
La tolerancia inversa es un hecho comprobado. Cada vez me resulta todo menos extraño, cada vez comprendo un poco mejor qué es lo que sucede en el universo. Cada vez necesito menos Salvia...
Esta planta maestra es una llave para abrir las puertas de la percepción, imagen harto trillada... si uno no lo ha hecho, no comprende que la frase es clara y puntual. Siguiendo la metáfora de la puerta, SD es una llave poderosa, que puede desbloquearte de los sentidos en un abrir y cerrar de ojos. Aún así, puede convertirse en una topadora y derribar esa puerta, dejándola indefinidamente abierta, si no sabés seguirla y vas ciegamente a un encuentro con el infinito. El temor es real: químicamente tiene su explicación, espiritualmente, también. 
Hace poco leí un blog, no recuerdo el nombre del autor, pero sí que culpaba a la Salvia por un supuesto "daño cerebral", o un síndrome de despersonalización del que no podía recuperarse. Madre mía... "massive dose, full bowl", 100x... casi le contesto, casi lo trato de estúpido. Una topadora...
Me pregunto cuál será la relación entre la quemazón en los pulmones, y la percepción... porque cuando los pulmones queman, vuelvo a ver, y no hallo la relación. Hasta después; pero ese después, ahora es una duda, es casi una broma. Si es verdad que la realidad es una construcción, me pregunto cuál es el suelo que pretendemos tapar con ese edificio que llamamos percepción objetiva, interpretación de los estímulos recibidos por sentidos orgánicos, o lo que sea...
Sé que el respeto es la única foma de acercarse a la Salvia. Ella me deja comprender: soy alguien que no sabe nada. Pero ve que quiero entender, y mi YO, vuelto payaso bailarín, se corre a un costado (el izquierdo), y puedo entender un grano de arena en este océano infinito. Vemos láminas, y creemos ciegamente en el relato de las tres dimensiones. Creemos ciegamente en Star Wars.

viernes, 18 de julio de 2014

Descripción con ojos abiertos

Primero es la visión del "túnel", un túnel que no veo, pero es la apertura de algo que estaba cerrado, es el ojo que empieza a percibir (Esta vez, los "otros" ojos permanecen abiertos, la luz entra sin más impedimento que las cortinas de la ventana frente a la que estoy sentado. Está soleado afuera. No tapo mis oídos, tampoco.). Siento como mi percepción abandona la visión regular, ya no es importante lo que los sentidos captan. El tacto es lo que permanece aún, pero se desvanece de a poco: ¡siempre olvido este detalle! ¡mis dientes se desacomodan! Me molestan... cada vez pasa lo mismo: el paso al otro lado está marcado por los dientes que bailan en mi boca, casi como queriendo salirse...
Ya el afuera es insignificante. Me sé quieto, inmóvil, los ojos fijos en un punto en el vacío. Sigo viendo la habitación, pero no como antes de la Salvia: es una especie de capa sobre otras capas, debajo de numerosas capas, todas superpuestas. Estaba sumamente contracturado: en este momento el cuerpo es una cáscara, no lo siento. La electricidad corre entre esos puntos que, caprichosamente, llamo chakras, por no tener un mejor nombre para ellos. Siento una presión en el cráneo, que se extiende como un enorme peso que atraviesa mi carne hacia el pecho. Pero no siento el cuerpo, lo que sí percibo es ese peso. Que no pertenece a esta realidad. La molestia en los dientes ha desaparecido del todo. Mi existencia se abre desde la parte superior de mi cráneo, deteniéndose en mis rodillas. El peso ahora se deposita ahí, y entonces percibo claramente el otro lado. Ahí es donde entiendo el juego que juego de día. Ahí es donde toco un poco de cerca el Nirvana. La sabiduría de la Nada está dentro mío, soy la sabiduría de la nada. Ha sido una cantidad pequeña para el setting en que estoy: plena luz de día; rodeado de ruidos que, por lo general, cortan la experiencia. Como de costumbre, cuando la experiencia toca su pico, tengo ganas de fumar tabaco. Tabaco armado, los cigarrillos industriales me causan rechazo en este estado. La imagen de una anciana fumando un puro hecho por ella misma me invade. El tabaco es sagrado para muchas culturas, eleva un poco el espíritu. Siento presencias, todo un ecosistema al cual pertenezco, y del cual soy ajeno en la misma medida. Hace tiempo que las presencias no están en mis meditaciones. Han vuelto, pero no las siento dialogar, como ha ocurrido muchas veces en el pasado. Saben que estoy ahí, pero no les molesta mi presencia, como a mí no me molesta la suya. Ya no les temo. Antes, se dirijían a mí, a veces dándome directivas ("ya es suficiente", "un poco más", "hoy no estás listo"), a veces hablando entre sí; de mí, o no. Tan solo siguen con su deambular. Los he oído claramente, en su momento, decir cosas como "Cree que aún le falta, pero está listo", en tono de burla. Los he sentido tirar de mi alma, para sacarla de mi cuerpo, quejándose de la dificultad. He estado yo mismo tirando junto con ellos de los pliegues de mi alma, quejándome de la dificultad. Y me han causado espanto, demasiado reales. Nunca voces de mi interior como con el THC. Son voces ajenas, pero muy cercanas a mí.
Las Salvinorinas tienen receptores en el sistema nervioso que regulan la analgesia y el dolor, a veces crean sensaciones muy dolorosas en ciertos puntos. Esta vez, borran un poco el dolor que siento en mi cuello y brazo. Aún horas después.
La vida como juego. Es una idea poética, y ya sé que la han proclamado muchos, y de muchas formas. Pero una cosa es leerlo, y otra, muy distinta, es comprenderlo.
Esta vez siento que podría salir caminando, y mirar el entorno con la mirada de otro mundo, pero no es buena idea, puedo perder el equilibrio: mi mente no está realmente dentro de mi cabeza. Es como si mi Sí-mismo "onírico" fuera luz, liberado de las limitaciones orgánicas. No encuentro otra metáfora mejor: la Salvia nos deja ser la luz que olvidamos que somos.



La vida como un juego

Si fuese tan simple, se podría explicar simplemente. Es por eso que insisto: es un camino, y acabo de empezar. No pertenecemos a este plano, ¿pero qué es aquello q donde sí pertenecemos? ¿Qué es? Comprendo que nada de este mundo es TAN importante... De alguna manera, me siento aferrado a este plano, el cual es ¿insignificante? ¿incompleto? ¿un juego? Sí, quizás es un juego...
La Salvia me da la impresión de que estamos jugando acá, y no otra cosa. Jugamos a vivir, a tener obligaciones, a buscar estatus y poder, a hablar nimiedades con nuestra gente, a temer...
OK. Supongamos por un momento que la vida diurna-consciente-occidental es un juego. Entonces, ¿qué es lo serio? ¿Es eso que percibimos cuando estamos en el llamado "Salviaspace"? Y, ¿qué es eso que percibimos ahí? ¿una voluntad que nos susurra la duda de esta vida? Tengo la impresión de que no he percibido nada de lo que podría, y que, en algún momemto, percibiré... entonces, ¿vivo un juego?
No puedo dejar de sentir a los demás cuando viajo. Y es, creo, porque los doy por supuestos cuando estoy "despierto". Pienso en los demás como categoría, porque la piel nos separa. He escuchado a un gran docente, hablando de las barreras entre lo ajeno y lo propio en el terreno de los materiales sonoros disponibles, el repertorio de sonidos a utilizar en un lenguaje musical propio de un tiempo y espacio, soltar la idea de la caída de las barreras con el "progreso" (esa idea moderna y occidental, fundamentada con Darwin y tendiente a dios) de las artes. En última instancia, al haber acrecentado tanto el universal disponible, al haber derribado todas las barreras que separan lo Uno de lo Otro, aún queda una barrera que no podemos traspasar, y cuya caída implicaría la muerte. No podemos traspasar la piel. No podemos ser Uno con el Otro.
"Hay un modo de cubrirse al máximo la piel: / tomar un pliegue del alma, / darse vuelta del revés" canta J. Fandermole. Vaya paradoja: la piel, que es nuestro último límite, la barrera final que protege al organismo que alberga nuestro "soplo", siendo protegida por ese soplo que era protegido en un principio. La barrera insorteable, sorteada. Creo que la Salvia nos acerca un poco a eso, a sortear un poco la barrera de la piel. A ¿morir temporariamente?
Y si estamos tan alejados de los demás, con miles de barreras de por medio, y la vida como última defensa de la individualidad, ¿no es todo un poco confuso? ¿no estamos jugando?
Sigo sosteniendo que este plano es nuestra lengua franca, que estamos acá por y para los demás, para comunicarnos, de la manera falente e incompleta que logramos. Pero, ¿qué es aquello otro? Digo, sigue pareciéndome lo "serio". ¿Qué es? Si es lo serio, ¿estamos acá de recreo? Aún tengo que comprenderlo, y lo estoy intentando. Lo estoy intentando.





jueves, 17 de julio de 2014

Breve introducción

Hace unos seis meses comencé a investigar la Salvia. No puedo dejar de tenerle un poco de miedo, y mis sesiones están espaciadas entre sí. Llevo, a este punto, quizá unas 50 experiencias. Tal vez exagere, pero no por mucho.
Soy extremadamente sensible a las Salvinorinas (cosa que no me ocurre con otros compuestos psicoactivos, soy casi inmune a los psicodélicos serotonínicos), 65 mg de extracto 5x me llevan a disociarme totalmente durante unos 7 minutos, provocando, en ocasiones, viajes tan intensos que puedo llegar a disolver mi ego, abandonando mi organismo. De hecho, mi primer experiencia (y una de las más fuertes, además) la logré con dos hojas de tamaño mediano, criadas en la provincia. Aunque tuve un par de intentos fallidos antes de conectar por primera vez; y más tarde, aún era frecuente fracasar. Pero si hay algo cierto, es que hay que aprender a entrar al llamado "Salviaspace". O usar un extracto tan potente que "abra el tercer ojo" a la fuerza, con el riesgo de sufrir una experiencia insoportablemente poderosa, no deseando jamás volver.  
He confirmado que la Salvia siempre me lleva al mismo "lugar", algo que había leído, pero al ser una experiencia tan particular, aún tenía que familiarizarme con ella para poder comparar. Es cierto, es difícil de explicar lo que se siente, porque es difícil comprender lo que se siente. Pero trataré de acercarme lo más que pueda.
Físicamente, muchos describen una sensación de ser "tirados" de la piel. Yo así lo entendía, pero creo que es más una acomodación, es la conciencia del cuerpo que se va retirando de las células, y van quedando atrás. La sensacion de "tirantez" la puedo interpretar como una especie de electricidad que ataca ciertos puntos. Entiendo que es el cuerpo "abriéndose", y los puntos más molestos son aquellos donde los chackras están más bloqueados. Sí concuerdo en que uno se ve impulsado hacia atrás. Valga una metáfora. De repente, es como si nuestro cuerpo fuera como uno de esos adornos de oficina pinpoint impression, ésos donde uno apoya la mano, la cara o lo que sea en la parte trasera, quedando una impresión en el relieve de los alfileres. Nuestro espíritu, alma, mente, esencia o como quieras llamarlo se retira, quedando el relieve (el cuerpo orgánico), pero aquello que lo da forma, no. Prefiero suponer que el soplo de vida es el infinito que somos todos, del que venimos, y al que volveremos al morir, o sea, al abandonar el organismo definitivamente. Nos vemos fusionados de nuevo con el universo, dejando de sentir el cuerpo.
Es probable que uno transpire (y mucho) cuando está de viaje; pero al estar insensibilizado, no te das cuenta hasta que volvés. Y si hace frío, puede ser molesto.
Siempre experimento con los ojos cerrados, a oscuras y en silencio: la Salvinorina-a es física y espiritualmente sensible a la luz. El ruido también es enemigo de una meditación de Salvia. Trato de dejar a mi cuerpo conforme (no sentir hambre, ganas de fumar, ni molestia alguna en lo posible), ya que puede interferir, cortando el viaje o virándolo a una esfera física, lo cual no es de mi interés. Sé que utilizando grandes cantidades esto no es necesario, pero el efecto puede ser espantoso.
Cuando me disocio, siento una especie de elevación, no física, sino perceptual. Digo, es como si mis sentidos quedaran en un plano inferior (topológicamente hablando) y comenzase a percibir con un tercer ojo, situado encima de los regulares, y mi percepción se mudara ahí. Todo es del color rojo-óxido que veo cuando cierro los ojos (aunque esto va desapareciendo con el paso del tiempo, como si "viera" cada vez más claro), y la percepción se vuelve, de alguna maera, esférica. O sea, una percepción total, omnidireccional. Y comienza con la formación de un círculo de luz.
La dimensión a la que me "veo" transportado (no es realmente ver ni oir, no hay sentidos en la acepción clásica) es de alguna manera más real que ésta. Siempre hay una enorme distinción entre el espacio físico (que considero valioso por brindarnos la posibilidad de comunicarnos con los demás, no por otra cosa) y ese otro espacio, que trato de comprender. Cada experiencia es realmente única: en ocasiones siento presencias bien diferenciables las unas de las otras; en otras, es el vacío primigenio, a veces pacificador, a veces traumatizantemente aterrador.
Hasta acá esta especie de presentación. La próxima vez que escriba, será un reporte. Si estás leyendo esto, agradezco tu atención, y tu opinión.  

miércoles, 16 de julio de 2014

Quitar el velo del organismo (Post N° 1)

Es Argentina, GBA, para ser más precisos. Tras meses de búsqueda, poco y nada he encontrado acerca de experiencias serias, de investigación, bio-ensayos, experimentación con fines no recreativos con Salvia Divinorum en castellano. Sí he leído algo en inglés (de hecho sigo algún blog), pero acá, parece ser una planta aún ignorada. Cosa compleja: por un lado, no encuentro con quién compartir experiencias en mi idioma, pero por otro lado, tal vez sea mejor así: capaz se da a conocer, y ya sabemos cómo son nuestras leyes... terminan prohibiéndola.
Me decidí a empezar este blog para compartir experiencias en mi idioma, para llevar un registro que otros puedan usar para enriquecer sus búsquedas, y alentar a otros a escribir las propias, así puedo yo también enriquecer mi búsqueda. Empiezo esto para aprender, porque es complejo lidiar con Salvia solo.
Si estás leyendo esto, tengo un par de aclaraciones que hacerte: este no es un blog de venta. No pretendo usar Salvia de manera recreativa, sino como una herramienta  para quitar el velo que cubre la percepción, limitándola a las posibilidades orgánicas de los sentidos y la lógica diurna. Considera a la Salvia como un sacramento (aunque soy una persona completamente arreligiosa, soy agnóstico y me rijo por el pensamiento científico), no como una sustancia "divertida", ni siquiera placentera. A lo largo de este intento, mi modo de ver este "regalo de los dioses" se irá configurando para el lector: he empezado a recorrer un camino, que ando con cautela, de la mano de una planta poderosa. Muchas veces las experiencias son dolorosas, atemorizantes, y mucho más reales que mi mundo de todos los días. La disolución del ego es algo difícil de soportar, y el único camino a la sabiduría.
No es difícil encontrar en la web explicaciones de cómo actúan las salvinorinas, incluso en castellano. No es mi plan informar acerca de consumo, reducción de daños, proveedores o teks.
A partir de acá, doy por empezado mi proyecto. Estoy intentando quitar el velo que ciega, experiencias y lecturas son bienvenidas.
Este es mi camino de la Salvia.